Zapatos viejos - Vincent Van Gogh - Historia Arte (HA!)
Zapatos – Vincent Van Gogh (1886)

La tela de Van Gogh no nos permite ni siquiera afirmar cuál es el lugar en el que se encuentran los zapatos. En torno a las botas de labranza no se observa nada que pueda indicarnos el lugar al que pertenecen o su destino, sino un mero espacio indefinido. Ni siquiera aparece pegado a las botas algún resto de la tierra del campo o del camino de labor que pudiera darnos alguna pista acerca de su finalidad. Un par de botas de campesino y nada más. Y sin embargo…

En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte.

Martin Heidegger, “El origen de la obra de arte”, en: Caminos de bosque, trad. H. Cortés y A. Leyte, Madrid: Alianza, 2005, pp. 23-24.

Todo arte es en su esencia poema en tanto que un dejar acontecer la llegada de la verdad de lo ente como tal. La esencia del arte, en la que residen al tiempo la obra de arte y el artista, es el ponerse a la obra de la verdad. Es desde la esencia poética del arte, desde donde éste procura un lugar abierto en medio de lo ente en cuya apertura todo es diferente a lo acostumbrado.

Ibid., p. 52.

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¿De dónde proviene la experiencia del poema? ¿De un habitar distinto, que nos saca de lo acostumbrado o, por el contrario, de lo más cercano, banal y cotidiano? ¿Puede un par de zapatos cargar con una cierta memoria poética, con una vida, con un mundo? ¿O acaso de las cosas nos queda ya sólo su utilidad? ¿Sigue habiendo mundo en las cosas? ¿Las anima todavía una vida?

[…] hay vías y modos de la existencia humana en las que el hombre jamás toma las cosas puramente materiales, pero tampoco las cosas técnicas, en cuanto tales, sino que -como decimos de un modo que tal vez se presta a malcomprensión- las «anima». Eso sucede en dos posibilidades fundamentales: primero, cuando la existencia humana está determinada en su existencia por el mito, pero luego en el arte.

Martin Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica. Mundo, finitud, soledad, trad. A. Ciria, Madrid: Alianza, 2015, p. 255.

La poesía no es un mero género literario. La poesía es un modo de habitar en el que las cosas destellan y salen a relucir por primera vez como cosas, permitiéndonos ver eso que siempre teníamos ante los ojos. Permitiéndonos ver incluso esa ausencia que, desapercibida, siempre tuvimos ante los ojos.

¿Es desconocido Dios?
¿Es manifiesto como el cielo?
Esto creo más bien.
Del hombre la medida es.
Lleno de méritos, pero poéticamente,
habita el hombre sobre esta Tierra.

Fridrich Hölderlin, “En el amable azul”.

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Heidegger: el pensar y la poesía

Clase 1 (7 de septiembre): “El origen de la obra de arte”.
Clase 2(14 de septiembre): “Construir, habitar, pensar”.
Clase 3 (21 de septiembre): “«…poéticamente habita el hombre…»”
Clase 4(28 de septiembre): “El habla”.

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