Introducción a Derrida: ¿Qué es la deconstrucción?

Introducción a Derrida: ¿Qué es la deconstrucción?

Borges y Derrida en el departamento de la calle Maipú. Octubre de 1985

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Tal vez no sea tan conocido fuera de la academia como otros filósofos más alejados de nuestro presente. Y sin embargo, se trata de uno de los pensadores más importantes y disruptivos, además de uno de los lectores más sagaces y precisos que se haya visto. El pensador de la diferencia, de la falta de origen y de los fantasmas, de la escritura y la diseminación, de la otredad y la literatura, de la política, la amistad y la animalidad. El filósofo de la deconstrucción.

Su pensamiento tiene una peculiaridad: disloca y saca de lugar todo lo que toca. Un pensador incómodo. Lector de los detalles, de los márgenes, las comillas, las erratas y los silencios. Lector atento, de esos que reclamaba Borges. Lector con lupa.

Heredero de Nietzsche y de Heidegger. Mejor peor alumno de Foucault y Althusser. Interlocutor de Lacan y polemista del psicoanálisis. Deudor y transgresor de todos ellos. Posiblemente nadie haya encarnado el pensamiento de finales del siglo XX como él.

Pero también pensador difícil, por qué no decirlo. Dar un curso de introducción a su pensamiento no puede sino ser un verdadero desafío.


Introducción a Derrida: ¿qué es la deconstrucción?

Curso a distancia


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Descuentos a estudiantes, jubilados y los que participan de alguno de los otros talleres.


4 clases:

Clase 1: “La huella” (Introducción a De la gramatología)
Clase 2: “La diferEncia” (Introducción a La differance)
Clase 3: “El animote” (Introducción a El animal que luego estoy si(gui)endo)
Clase 4: “La locura” (Introducción a Cogito e historia de la locura)

Debo señalarlo ahora mismo: el 22 de agosto de 1979 por la mañana, siendo aproximadamente las diez, mientras pasaba a máquina esta página con miras a la presente publicación, sonó el teléfono. Los Estados Unidos. La telefonista norteamericana me pregunta si acepto un “collect call” (léase: llamada por cobrar) de parte de Martin (y pronuncia Martín o martini) Heidegger. Como suele suceder en esas situaciones que me son familiares, pues yo mismo tengo que llamar collect, oía voces que creí identificar del otro lado de la línea intercontinental: me están escuchando y están vigilando mi reacción. ¿Qué va a hacer ante el ghost o el Geist de Martin? No puedo resumir aquí toda la química del cálculo que rápidamente me llevó a rechazar la llamada (“It’s a joke, I do not accept”) después de haber hecho repetir varias veces el nombre de Martini Heidegger, con la esperanza de que el autor de la broma se diera por fin a conocer. En suma, ¿quién paga? ¿el remitente o el destinatario? ¿quién debe pagar? Es una pregunta muy difícil, pero aquella mañana pensé que no debía pagar, que sólo pagaría al añadir esta nota de agradecimiento. Sé que sospecharán que lo he inventado todo, por que es demasiado hermoso como para ser verdad. Pero ¿qué puedo hacer? Es rigurosamente cierto, de principio a fin, la fecha, la hora, el contenido, etc. El nombre de Heidegger ya estaba escrito, después de “Freud”, en la carta que estoy pasando a máquina. Es cierto, y puede demostrarse si alguien se toma la molestia de llevar a cabo la investigación: hay testigos y un archivo postal del asunto. Hago un llamado a los testigos (esos enlaces entre Heidegger y yo) para que se den a conocer. Todo lo anterior no debe llevar a creer que no existe comunicación telefónica alguna entre el fantasma de Heidegger y yo, entre algunos otros y yo. Al contrario, mi red de conexiones, y aquí tienen una prueba de ello, se halla más bien saturada, y haría falta más de una central telefónica para digerir el exceso. Sencillamente, y lo digo dirigiéndome a mis interlocutores de aquella mañana (con los que después de todo lamento un poco no haber hablado), mi relación privada con Martin no transita por el mismo comnutador.

Jacques Derrida, La tarjeta postal. De Sócrates a Freud y más allá
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